Estaba asardando y los agiscosos tobos
giroscopeaban y barreneaban en el pendugal;
Muy frasdichados estaban los borogobos,
y los rados casireños mugurdaban.
"¡Cuidate del Algaradón, hijo mío!
¡De esas fauces que muerden, de esas garras que aprisionan!
¡Cuidate del pájaro Yuboyub y rehuye
del frumioso Iramarrajo!"
Tomo, pues, su Montante Vorpalino:
por un largo rato al escúrtido enemigo buscó
así que sentose junto al árbol tumotum,
y quedose en sus pensamientos contemplando.
Y mientras cavilaba en zigalejos pensamientos,
El Algaradón, con ojos llameantes,
llego rufando desde los humiscosos bosques,
burbugrando mientras se encaminaba.
¡Y uno y dos! ¡Y uno y dos! cortaba y cortaba
¡El montante vorpalino lo esnisnafaba!
A la bestia mató, y con su cabeza
gloripante regresó.
"¿Has matado al Algaradón?
¡Ven a mis brazos mi radioso niño!
¡Oh, que fantabuloso día! ¡Caray! ¡Carey!"
Decía mientras se regociferaba.
Pues estaba asardando y los agiscosos tobos
giroscopeaban y barreneaban en el pendugal;
Muy frasdichados estaban los borogobos,
y los rados casireños mugurdaban.
sábado, 22 de octubre de 2022
El Algaradón
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